martes, 8 de enero de 2013

Cuando callar o hablar es un delito


A los niños y a los jóvenes se les da información intelectual sobre muchos temas y se les encarrila por la vía del deportismo cuyo abuso acorta la vida miserablemente, pero desgraciadamente al aparecer la energía sexual con la cual se inicia la adolescencia, tanto padres de familia como maestros de escuela, basados en un falso puritanismo y en una moral estúpida, resuelven callar criminosamente.

Hay silencios delictuosos y existen palabras infames. Callar sobre el problema sexual es un delito. Hablar equivocadamente sobre el problema sexual constituye también otro delito.

Si los padres y maestros callan, los pervertidos sexuales hablan y las víctimas vienen a ser los adolescentes inexpertos.

Si el adolescente no puede consultar a padres ni a maestros, consultará entonces a sus compañeros de escuela posiblemente ya desviados por el camino equivocado. El resultado no se deja esperar por mucho tiempo y el nuevo adolescente siguiendo falsos consejos se entregará al vicio de la masturbación o se desviará por el camino del homosexualismo.



El vicio de la masturbación arruina totalmente la potencia cerebral. Es necesario saber que existe una íntima relación entre el semen y el cerebro. Es necesario cerebrizar el semen. Es necesario seminizar el cerebro.

El cerebro se seminiza transmutando la energía sexual, sublimizándola, convirtiéndola en potencia cerebral.

En esta forma queda el semen cerebrizado y el cerebro seminizado.

La ciencia Gnóstica estudia a fondo la endocrinología y enseña métodos y sistemas para transmutar las energías sexuales, pero este es asunto que no encaja dentro de este libro.

Si el lector quiere información sobre Gnosticismo debe estudiar nuestros libros Gnósticos e ingresar a nuestros estudios.

Los adolescentes deben sublimar las energías sexuales cultivando el sentido estético, aprendiendo la música, la escultura, la pintura, realizando excursiones a las altas montañas, etc.

¡Cuántos rostros que hubieran podido ser bellos se marchitan!

¡Cuantos cerebros se degeneran! Todo por falta de un grito de alerta en el momento oportuno.

Samael Aun Weor

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